Mostrando entradas con la etiqueta Murcia Visual. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Murcia Visual. Mostrar todas las entradas

Adiós, teletonta

La emergencia de las Webseries y nuevos formatos se expande rápidamente gracias a Internet y los nuevos creadores 


Hemos oído tantas alusiones a la programación de la televisión y a su carencia de calidad, que si decimos que este reportaje versa sobre la caja tonta, término acuñado en referencia a algunas de sus funciones o sus contenidos (en cuanto a que puede mermar los sentidos y/o la inteligencia), probablemente pasen de leerlo. Sin embargo, lejos de quedarnos en esto, hemos indagado en algo que se ha convertido en uno de los mayores pasatiempos de cualquier posmoderno que se precie: las series. Sin embargo, en el caso de la televisión española, parece que el estancamiento ante los temas ha hecho que el público, cansado de historias de adolescentes, de amores de posguerra o de médicos, se siente ante su ordenador dándole rienda suelta a la banda ancha y dejando que la oferta que proviene principalmente de EEUU y Reino Unido se convierta en un menú a la carta. Y así, yendo un poco más allá y pensando en todos los jóvenes (y no tan jóvenes) creadores que hay en España y que no gozan de la oportunidad de poder formar parte de alguna de estas productoras convencionales, pese a estar preparados y tener miles de buenas historias que contar, nos preguntábamos dónde estarían escondidos. E Internet de nuevo se ha convertido en un medio para dar a conocer los trabajos de jóvenes directores, realizadores, actores y guionistas que tirando de imaginación, un presupuesto ajustado y de muchas, muchas ganas, han puesto en marcha miles de proyectos para hacer las delicias de todos esos ávidos consumidores que presumen de hartazgo ante las historias televisivas de siempre, en una nueva fórmula que acechaba España desde finales de 2008 y que en la actualidad abunda: las Webseries y los nuevos formatos gracias a Internet.

Omnivore, Vol. I


Con la intuición primando ante cualquier tipo de razón, así se presentó la primera sesión del colectivo fotográfico Omnivore, que arrancó ayer en la Asociación Cultural La Azotea bajo el título de Crudo, y donde tuvimos la ocasión de disfrutar de los diferentes trabajos fotográficos presentados a modo de audiovisual, que habían sido previamente seleccionados por los componentes del colectivo compuesto por Gustavo Alemán, Pascual Martínez, Julián Garnés, Juanan Requena, Agus Bres y Blanca Galindo.

Tras la presentación del evento, en el que se hicieron dos rondas de visionado de los nueve trabajos seleccionados de entre los 49 que han recibido (cantidad bastante considerable para ser su primera convocatoria, provenientes de lugares como Inglaterra, Alemania, Israel, Japón, Argentina, Suiza o España), pudimos disfrutar como guinda de otro pellizco de crudeza fotográfica de la mano del trabajo de los fotógrafos invitados, Thorsten Kirchhoff y Hisashi Murayama, en los que intimismo, movimiento y misterio rezumaban en sus imágenes.

Desde otra perspectiva del disparo

 

La perspectiva que tenemos del mundo según quién nos lo muestra, visualmente hablando, es algo que varía y siempre sorprende. Qué impresiones o acepciones nos creamos cuando conocemos determinados lugares, conflictos o personas, dependiendo de quién esté mostrándolo, es algo que no paramos de cuestionarnos y que sería aplicable a todo aquello que nos mantiene “informados” en el mundo: el periodismo, los documentales y el cine y, en este caso, la fotografía.

Desde que se generó tantísimo revuelo con el archiconocido vídeo de los chicos de Invisible Children, en el que mediante una serie de apelaciones sentimentaloides en el que papá blanco se convierte en héroe que salva a niños negros, con un montaje rítmico, cuidado y bien planeado (que no se diga que no son cineastas), y cómo ha logrado arrasar en Internet y levantar la voz de miles de personas que no conocían el conflicto, que les daba igual o que ya estaban hartos de ver fotografías de niños de África, volvimos a comenzar a darle vueltas al tema y a plantearnos cómo es observar el mundo desde perspectivas en las que gente que se introduce en determinados conflictos o lugares para colaborar solidariamente retratan ese entorno, más allá de una mera visión documentalista o, como en el caso de Kony 2012 (sí, la alusión era a esta película, ya que no deja de ser eso, una película), más simplista.